domingo, 9 de septiembre de 2012

Perfumes



     Se ha constelado el jazminero
y vuelca su fragancia
      sobre el estanque inmóvil.
De vez en vez -apenas-
un relámpago de pétalos y hojas
esparce barquichuelos de anclas quietas
sobre mi corazón
que está latiendo.
Y la fuente despierta
musita quedamente las líquidas palabras
y me dice
que soy en este parque
y que habito
con todos sus perfumes
el ojo de la noche.
Y soy feliz en el vapor perfecto
consustanciada con este mundo vegetal
tan alto
tan magnífico
tan bello
como el manso diseño de estas aguas
que atrapan un rincón del universo
para animar las notas del silencio
y susurrar en su teclado de agua
que todavía es tiempo de soñar
que todavía es tiempo de cantar
o -simplemente-
de respirar un viento de jazmines.






Caja de música secreta



Cuando la luna baja hasta mi alero
un reflejo de luz en la ventana
me  anuncia parpadeando
que el suave viento de las confidencias acaricia las tejas.
Y  se asoma radiante en la bohardilla
el cáliz de oro y raso que ofrece una alamanda
para la chispa azul de las luciérnagas,
la lluvia ultravioleta que dispersa
 el gran jacarandá de las colinas,
 la senda vainillada de algún escarabajo vagabundo
 sobre la arena tibia del estío,
y el soleado torrente de los rubios jaguares en la fronda.
Entonces, canta el viento en su camino por el cielo
y sopla mil escalas de sones escondidos
sobre la  caja silenciosa que la luna  
difunde en el concierto melodioso del espacio,
proyectando los íconos más gratos
en esferas de seda o cornetas de organza
que el biombo de su rostro va estrenando a su capricho
en la relampagueante noche de mi alero,
 para entonarme a mí también junto a ella
con el latido unánime del mundo
en la cifra orquestal del universo.



 

sábado, 8 de septiembre de 2012

A un dálmata en el retablo (19 de diciembre de 2002)

Hoy te has ido en silencio, mi bellálmata,
 payasín de mi patio de gardenias, 
 y no ha tocado el gallo del vecino 
 su acostumbrada diana mañanera . 
Quizás adivinó en su inquieto sueño 
 que el canto de los lobos de la estepa 
 ya no respondería a su llamado
 y prefirió evitar la vana espera.
 Y tu amigo, don Gato, taciturno, 
 despreció a su pandilla bullanguera:
 se ha quedado de guardia en tus rincones
 con su uniforme gris de centinela.

Tu cola giratoria ya describe
 la órbita del sol entre sus vueltas.

 Navegarás por prados azulosos
 y beberás el néctar de un cometa, 
 endulzado en flamígeros anillos 
 con granizo translúcido de estrellas; 
 quizás estés saltando por las nubes 
 para alcanzar la ronda de planetas, 
 pues veo en el espejo de la luna
 que bailan rutilantes motas negras
 y pienso que también me estás buscando
 en ese iglú rodante de poetas.
 ¿O el Niño Dios te quiere en su retablo
 para aplaudir tu danza de piruetas?

domingo, 2 de septiembre de 2012

El espejo




       Como si fuera un cuadro hoy el espejo
     se quedó ensimismado con mi imagen;
     corrí a buscar de prisa un álbum viejo
    y disfruté un buen rato divertida
    de paseos en moto y a caballo
   y juegos en la aurora de mi vida.
   Si no fuera yo misma pensaría
   que tal vez alguien vino de improviso       
     pues me muestra el espejo a una persona
        que se ha instalado en casa sin permiso.
     Yo me aferro a la imagen que está ausente,
     tal vez por tanta dicha y tantas flores
     que abrieron el camino que cerraron
        las borrascas de recios sinsabores.
      Dicen que es experiencia no la quiero,
        no intentaré probarla en mi destino:
      cada acto es un examen y es un lazo
        que fui anudando sola en el camino
      de ésa que en el espejo está escondida.
      Me dicen que la otra está perdida.





                                                       

  



viernes, 24 de agosto de 2012

En el invernadero


¡Llora, maga gestora del reino vegetal! -le sugerí a la lluvia-.
  Sopló el viento en su flauta un aire galopante, 
estremeciendo barandales y buhardillas.
 El trueno acompasaba el raudo impromptu
 con sus recios tambores 
y el numen de las flores no dudó:
  desgranaba la escala del color
 y el hechizo mareante del perfume,
al desplegar sus alas de cristal
en este invernadero tutelar que hoy habitamos.
 Exóticos efluvios espesaron el aire suspendido, 
 perlaban humedad sobre lo vidrios 
´para escribir esta aventura que apremia y nos convoca. 
-En breve estrenarás la primera fascinación de nuestros nombres 
en la pizarra de agua que nos inventa rostros
 y brotará la flor de oro junto al enamorado sol de la mañana,
 mientras me busques,Vida, en el recóndito reloj de tus latidos. 

domingo, 15 de julio de 2012

Fraternal



Cuando la tarde inicie el vuelo
encontraré tu sombra en aquel muro
que escalábamos juntas en los juegos de infancia.
Y habrá una cicatriz en el ladrillo hueco
que escondía el  tesoro compartido:
estrellitas de mar y caracolas,
 guijarros de colores, espejuelos,
cintas de celofán para alas de libélula,
mariposas talladas en papel de bombones
cristales de collares y botones de perlas extraviadas.
Era el tiempo de la risa frecuente a la hora de los duendes,
frases de encantamiento y cabellos trenzados
con diademas de flores de ligustre, las joyas elegidas
por nosotras,  las hadas del  bosque de la  abuela,
 límite entre la magia y la verdad
que dormía indolente detrás de la pared.
Pero se  despertó de pronto con su voz atiplada, 
silbando con el viento de los días de arena que siguieron,
resonando en los ecos de salones vacíos
(desiertos como ahora por tu ausencia)
 para anunciar un incoloro tiempo de silencio
y el cartel rojo del adiós en nuestra tapia.



















     

domingo, 1 de julio de 2012

Yuna


Había una pradera perfumada de risas
 y una mañana de oro que remontaba vuelo,
un rítmico galope latía sobre el suelo,
cuando mi zaina airosa bamboleaba las brisas

. El horizonte araba senderos por los cielos,
 y el mar se presentía detrás de la espesura;
 las ramas de los pinos besaban la blancura
 de una nube danzante que ondulaba sus velos.

 Y al abrirse la senda en la playa silente,
se irguió una ola de plata por detrás de una duna
 que irradió mil estrellas al volcar su rompiente;

 vibró el relincho claro de mi yegua moruna.
-Caballita -le dije- no te asuste el relente:
 el mar te ha bautizado con el nombre de Yuna